¿Cómo se hace el vino tinto?

Hola Wine Lovers, ¿cómo están?

En mi nota de hoy les quiero platicar sobre la vinificación, ese proceso tan complejo, que muchas veces no valoramos y que nos permite disfrutar de momentos inolvidables en compañía de una deliciosa copa de vino.

Por raro que parezca, el proceso de vinificación de una uva comienza en el campo, con el meticuloso cuidado del agrónomo, el cual busca en todo momento conseguir los frutos más expresivos, mismos que le entregará al enólogo quien será el encargado de convertirlos en vino. 

Lo primero es tener un tipo de uva que nos permita vinificar, esta uva debe pertenecer a la especie vitis vinífera. Dentro de este tipo se encuentran las diferentes variedades como: Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Gamay. 

Cuando ya está lista la uva, ésta es recolectada por los vendimiadores, a esta acción se le conoce como “la vendimia”, que nada se parece al evento al que solemos ir a divertirnos y a pisar las uvas, eso es otro rollo. 

El siguiente paso es el despalillado, que puede ser manual o mecánico, despalillar es separar la uva del raspón (el esqueleto del racimo).

De ahí se procede a realizar el estrujado, esto es, romper las pieles de la uva (hollejo) para extraer el zumo. Es muy importante cuidar la presión que se ejerce en este paso, ya que no es conveniente romper las semillas de la uva para evitar que el zumo adquiera un sabor en exceso amargo. Además el hecho de mantener este primer extracto en contacto de jugo con las pieles ayuda a facilitar el proceso de maceración.

Una vez extraído el primer jugo, el mosto y las pieles se trasladan a un tanque de acero inoxidable (no en todos los casos) para iniciar la fermentación. Por lo general es en este punto cuando se agregan las levaduras y es así como da inicio un proceso que puede tomar de una a tres semanas, dependiendo de la temperatura que maneje el enólogo.

Una vez concluida esta primera fermentación inician una segunda fermentación, la cual recibe el nombre de fermentación maloláctica. Ésta consiste en transformar el ácido málico, presente en el jugo de la uva, en ácido láctico. Es importante aclarar que este proceso no necesariamente se lleva a cabo en todos los vinos, únicamente se realiza cuando se les quiere reducir el nivel de acidez y aportar algunas notas lácteas como a leche, yogur, crema y mantequilla

Antes de llevar el vino a reposo es necesario realizar el trasiego, la clarificación y la filtración. ¿Qué significa esto? 

  • Trasiego: cambiar el caldo de recipiente con el objetivo de que se oxigene y también el de eliminar cualquier resto sólido. 
  • Clarificación: es un proceso químico natural con sustancias orgánicas que ayudan a condensar cualquier impureza. 
  • Filtrado: no se realiza siempre, pero ayuda a eliminar cualquier impureza. 

Y ahora sí, el vino está listo para su proceso de crianza el cual tiene como objetivo afinar los matices y aromas del vino. La duración de la crianza determinará su abanico de aromas y sabores. 

El último punto del proceso de elaboración del vino es el embotellado, que además forma parte de su crianza. En este periodo el vino se estabiliza hasta encontrar un equilibrio entre sus matices. 

Como podrán darse cuenta hacer vino no es cosa fácil, consiste en un proceso largo y que requiere de muchísima atención para lograr un buen resultado, piensen en esto la próxima vez que descorchen una botella y disfruten la obra de arte que tienen enfrente. 

Nos leemos en la próxima. 

Deni 🍷🍇💜